La separación amorosa evoca
irresistiblemente los procedimientos de despido de las empresas. Es un momento
delicado para las dos partes porque se trata de romper el absceso sin manchar,
de limpiar sin tragedia. El otro debe de aceptar su desgracia, no gemir ni
llorar. ¡Qué no se hará para librarse de una persona molesta, el colmo de la
bajeza, de la mala fe que se alcanza entonces, las astucias lastimosas que se
inventan para camuflar la crueldad del hecho! ¡La suavidad con la que se
anuncia la noticia oculta el mal la prisa para verla largarse en el acto! Si
ella protesta, se le hace responsable de su infortunio. ¡Estaba advertida! Al
destierro, se añade la degradación suplementaria de la falta. ¡La verdad le
salta a la cara como en la última página de una novela policiaca y además ella
es culpable! ¡El colmo del descaro es romper con el otro por SMS como un vulgar
comerciante!
Tan extraño es nuestro corazón
que abandonamos con un desagarro terrible a los que hemos tenido cerca sin
placer. El cónyuge debe de partir para que finalmente podamos amarlo; la
ruptura despierta lo que el trato había anestesiado, el ausente se vuelve formidable
por el solo hecho de no estar ahí.
La elegancia en materia de
ruptura; dejar que el otro toma la iniciativa cuando tú lo habías precedido en
el camino de la escisión. Lo impulsa a romper para no tener que hacerlo tú. A
menudo, ser abandonado es mejor que abandonar, evita el peso de remordimientos.
A la inversa, son muchos los hombres y mujeres que toman la iniciativa de la
ruptura por miedo a ser abandonados por otro más joven. No quieren ser sustituidos y, para prevenir la
catástrofe, la desencadenan antes de que se produzcan, aunque tengan que sufrir
atrozmente.
Desprenderse de un ser es
renunciar a todos los mundos que encarnaba. Y cuando se ha ido, siguen
gravitando a nuestro alrededor, como fantasmas, los universos de los que era
iniciador.
En definitiva, partir es más difícil
que empezar; se vacila en dejar a un ser al que se cree que ya no se ama pero
que garantiza comodidad y seguridad. Pero ninguna separación es simple y no
consiste simplemente en volver la página; seres antiguos resuenan en ti a lo
largo tiempo después de su partida, vuelven a atormentarte, te tiran de la
manga. La ruptura es la vía que elige el amor para prolongarse sin verse importunado
por la vida común.
